La Presidenta reacciona con severidad ante el anuncio de incrementos de entre 2 y 4 pesos; advierte que el acuerdo con los industriales debe respetarse y exige cuentas claras a través de la Secretaría de Agricultura.
ChingaQuedito
CIUDAD DE MÉXICO – En un tono de evidente disgusto y firmeza política, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo lanzó este cierre de marzo de 2026 un contundente «estate quieto» a los industriales de la masa y la tortilla. Durante su conferencia matutina, la mandataria calificó como inaceptable e injustificada la intención del sector de aplicar aumentos de entre 2 y 4 pesos por kilogramo, una medida que ha comenzado a materializarse en estados como Veracruz y la franja norte del país, llevando el precio hasta los 35 pesos.
El anuncio del ajuste no fue bien recibido en Palacio Nacional. Con un semblante serio, la titular del Ejecutivo enfatizó que bajo ninguna circunstancia se permitirá que se vulnere la economía popular bajo pretextos operativos que, según sus datos, carecen de sustento técnico. “No hay motivos para el incremento”, sentenció la mandataria, subrayando que el precio internacional del maíz se mantiene a la baja, lo que invalida cualquier argumento sobre el costo de la materia prima.
Instrucción Directa y Exigencia de Cumplimiento
Ante lo que consideró un desafío a los compromisos previamente establecidos, Sheinbaum Pardo giró instrucciones inmediatas al secretario de Agricultura, Julio Berdegué, para que «meta en cintura» a las organizaciones tortilleras. La orden fue clara: el funcionario debe ponerse en contacto directo con los líderes del sector para recordarles que existe un acuerdo institucional vigente diseñado específicamente para evitar que el precio del producto básico se dispare.
Para la Presidenta, este intento de alza representa un incumplimiento de palabra por parte de los industriales, quienes habían pactado mantener la estabilidad a cambio de diversos apoyos gubernamentales. El disgusto presidencial radica en que, mientras el gobierno federal asegura la disponibilidad del grano, los productores pretenden trasladar costos secundarios de logística y energía íntegramente al bolsillo del ciudadano.
El Mapa del Conflicto: De Veracruz a la Frontera Norte
Pese a la advertencia presidencial, la realidad en las calles muestra una presión inflacionaria que ya ha fracturado las pizarras de precios en diversas regiones estratégicas:
| Entidad / Ciudad | Precio Máximo Registrado | Contexto del Incremento |
|---|---|---|
| Mexicali / Hermosillo | $35.00 | Máximo histórico; zona de mayor resistencia |
| Coatzacoalcos, Veracruz | $30.00 | Alza crítica que detonó la alerta oficial |
| Puebla / Edomex | $30.00 | Ajuste justificado por industriales en energía |
| Puerto de Veracruz | $28.00 | Disputa abierta por costos de fletes |
| Ciudad de México | $21.73 | Último bastión de estabilidad relativa |
En Veracruz, el malestar de la Presidenta ha resonado con especial fuerza, ya que en ciudades como Coatzacoalcos el precio de 30 pesos se ha vuelto la norma, desafiando la política de contención federal.
Los Argumentos en Pugna
El sector tortillero justifica la propuesta de subir entre 2 y 4 pesos el kilo basándose en el encarecimiento del gas industrial y la electricidad, así como en un ajuste inminente en el costo de la harina procesada. Sin embargo, para Sheinbaum, estos factores no tienen el peso suficiente para castigar el consumo básico de las familias mexicanas.
Acciones de control inmediato:
- Ultimátum a Harineras: El Gobierno Federal ha iniciado una revisión de los márgenes de ganancia de las grandes empresas productoras de harina para evitar que estas presionen a los pequeños tortilleros.
- Operativos con rigor: Se ha ordenado a la Profeco no solo monitorear, sino sancionar de manera ejemplar a los establecimientos que apliquen aumentos sin demostrar un incremento real y proporcional en sus costos de operación.
- Vigilancia en Veracruz: Se han desplegado unidades móviles de inspección en el Puerto de Veracruz y Coatzacoalcos para frenar la inercia alcista.
La postura de Claudia Sheinbaum es definitiva: la tortilla no es un producto sujeto a la libre especulación, sino un derecho alimentario que su administración defenderá frente a las presiones del mercado.

